Del Oro a las Tierras Raras: La diversificación del despojo al sur de Venezuela
Los datos recabados durante el primer cuatrimestre de 2026 confirman un cambio drástico en la naturaleza del extractivismo al sur del Orinoco: la diversificación mineralógica. Ya no se trata solo de la "fiebre del oro"; ahora, el foco se ha desplazado hacia minerales estratégicos y tierras raras, esenciales para la tecnología global y la industria armamentista. Esta expansión hacia nuevos recursos está reconfigurando las rutas del contrabando y atrayendo a actores transnacionales que operan bajo esquemas de opacidad absoluta en los estados Amazonas y Bolívar.
En el estado Amazonas, la situación ha alcanzado niveles críticos de seguridad regional. En marzo de 2026, las autoridades colombianas incautaron cerca de cinco toneladas de tierras raras en la población de Casuarito, justo frente al muelle de Puerto Ayacucho. Estas cargas, vinculadas a redes de minería ilegal que operan en el municipio Autana, son trasladadas por el río Orinoco desde puertos pesqueros como Puerto Bagre. Investigaciones en la línea fronteriza del departamento del Vichada confirman que grupos como la Segunda Marquetalia y el ELN custodian este flujo de minerales estratégicos, evidenciando una dinámica criminal transnacional perfectamente aceitada entre agentes estatales y grupos armados.
La casiterita (mineral de estaño) se ha convertido en el nuevo objetivo del extractivismo industrial. En el municipio Piar del estado Bolívar, se han detectado prospecciones en fundos privados con concentraciones del 51% de casiterita, lo que amenaza con desatar una nueva ola de invasiones mineras a lo largo de la Troncal 10. Paralelamente, en Amazonas, se ha denunciado que comunidades indígenas en los ríos Cuao y Sipapo permiten la extracción de este mineral a personas extranjeras, lo que sugiere que la presión económica está fracturando los sistemas de autogobierno tradicional.
La sombra de intereses geopolíticos también se cierne sobre la región. Reportes recientes mencionan planes estratégicos para la explotación de uranio en la Cuenca de Roraima, con reservas estimadas en 75 mil toneladas. Esta diversificación del despojo —que incluye coltán, casiterita y potencialmente uranio— demuestra que el sur de Venezuela ha dejado de ser un problema de delincuencia común para convertirse en una amenaza a la seguridad humana y ambiental de toda la cuenca amazónica. La tendencia indica que la "narco-minería" ha evolucionado hacia un modelo de exportación de minerales críticos donde la soberanía nacional es sacrificada por intereses corporativos y criminales.