Yapacana vuelve a consolidarse como foco de minería ilegal
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Los eventos documentan la continuidad y el escalamiento de la actividad minera dentro del Parque Nacional Yapacana, considerado uno de los focos ilegales más densos y destructivos del sur de Venezuela.
Los operativos militares de años anteriores aseguraron haber suprimido buena parte de la actividad. Sin embargo, no solo se mantiene el dragado en los ríos Orinoco y Atabapo: la extracción penetra hacia la falda y la meseta del tepuy Yapacana.
La distancia entre aquel anuncio y lo que hoy registra el terreno mide el valor real de las cifras oficiales. Se declaró desmantelada una de las minas ilegales más grandes del país y bastaron un par de años sin vigilancia permanente para que volviera a operar, ampliada y con maquinaria más potente.
La deforestación alcanza bosques de flora endémica y los monitores hidráulicos destruyen la capa vegetal de una figura de máxima protección ambiental.
El tepuy no es un accidente geográfico cualquiera: alberga especies que no existen en ningún otro lugar y suelos de arena blanca que, una vez removidos, no vuelven a sostener bosque. Lo que un monitor hidráulico deshace en una tarde no se recupera en la escala de una vida humana.
Las balsas y dragas succionan sedimentos, enturbian el agua y vierten mercurio en una red fluvial de la que dependen comunidades indígenas. La movilidad de los equipos dificulta cualquier control que no sea permanente.
El mercurio no se queda donde cae. Se bioacumula a lo largo de la cadena trófica y se concentra en los peces, que son la principal fuente de proteína de las comunidades del Orinoco y el Atabapo; el resultado es un envenenamiento crónico y silencioso de poblaciones enteras que ningún servicio de salud está midiendo.
Yapacana no es un foco aislado. Forma parte de un circuito conectado con Atabapo y Puerto Inírida, desde donde llegan combustible, motores y repuestos y hacia donde se movilizan el oro y otros productos de las economías ilícitas.
Ese circuito atraviesa puntos de control militares antes de llegar al parque. Que los tambores de gasolina y los motores de succión completen el trayecto de forma sostenida no habla de astucia de los contrabandistas, sino de la complacencia o la participación de quienes deberían impedirlo.
Cuando hay intervenciones puntuales, las «balsas fantasma» se desplazan aguas arriba o hacia caños tributarios y abren nuevos frentes de succión dentro del mismo sistema protegido.
Yapacana es, en definitiva, la demostración más clara de que la protección del papel no protege nada. Un parque nacional sin guardería, sin presupuesto y sin voluntad política de defenderlo es apenas una línea en un mapa que los mineros ya aprendieron a ignorar.
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APA (7.ª ed.)
Observatorio sur de Venezuela. (2026, 28 de agosto). Yapacana vuelve a consolidarse como foco de minería ilegal. Recuperado de https://observatorioamazonia.org/informes/observatorio-10/yapacana-vuelve-consolidarse-foco-mineria-ilegal
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«Yapacana vuelve a consolidarse como foco de minería ilegal». Observatorio sur de Venezuela, 28/08/2026. https://observatorioamazonia.org/informes/observatorio-10/yapacana-vuelve-consolidarse-foco-mineria-ilegal